Switzerland, part eight: the good times

December 15, 2012

I don't clearly remember if it was the third or the fourth night of the trip when, all alone in the hotel room with Brooklyn follies over my legs, I read this quote from Paul Auster which I strongly endorsed: "― There are also good times ― added Tom, unwilling to let Harry have the last word ―. Indelible moments of grace, miniscule ecstasies, unexpected miracles. Quietly passing by Times Square at three thirty in the morning, without any traffic, and suddenly finding yourself alone in the centre of the world, with that rain of neon lights falling on top of you.

"No book can reproduce those
things. I'm talking about
what's really important, Harry."

Have the speedometer go above a hundred and twenty in the Belt Parkway right before morning and feeling the smell of the ocean washing over you through the opened window. Or crossing the Brooklyn Bridge at the precise moment when the full moons appears in the middle of the arch, and that is the only thing you see, the brilliant yellow sphere that is the moon, so big it’s scary, and then you forget you live here on earth and you imagine that you’re actually floating in space. No book can reproduce those things. I’m talking about what’s really important, Harry. Of leaving your body and entering the world fully and deeply."

No recuerdo con claridad si fue la tercera o cuarta noche de mi viaje cuando, a solas con Brooklyn follies en una habitación de hotel, leí estas palabras que adopté como mías instantáneamente: "― También hay buenos momentos ― añadía Tom, resistiéndose a que Harry añadiera la última palabra ―. Indelebles momentos de gracia, éxtasis minúsculos, milagros inesperados. Pasar por Times Square a las tres y media de la madrugada, sin nada de tráfico, y encontrarte de pronto solo en el centro del mundo, con esa lluvia de luces de neón cayéndote encima.

"Ningún libro puede reproducir
esas cosas. Estoy hablando de la
verdadera trascendencia, Harry."

Hacer que el velocímetro pase de ciento veinte por el Belt Parkway justo antes de amanecer y sentir cómo te inunda el olor del océano con la ventanilla abierta. O cruzar el puente de Brooklyn en el preciso instante en que la luna llena aparece en medio del arco, y eso es lo único que se ve, la brillante esfera amarilla de la luna, tan grande que da miedo, y entonces te olvidas de que vives aquí en la tierra y te imaginas que en realidad estás flotando por el espacio. Ningún libro puede reproducir esas cosas. Estoy hablando de la verdadera trascendencia, Harry. De salir del cuerpo y entrar en la plenitud y espesor del mundo."

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