Switzerland, part six: by train

December 11, 2012

The first time I was completely surrounded by snow in Switzerland I was travelling in the carriage number forty-five of the Glacier Express. I took the train in Chur after spending the night in a comfortable hostel called like a very famous beer. I remember myself looking to all those snowy peaks from the platform without losing sight of the big clock on the station, and have the strange feeling of unlearning to wait every minute.

La primera vez que estuve completamente rodeada de nieve en Suiza viajaba en el vagón número cuarenta y cinco del Glacier Express. Había tomado el tren en Coira tras pasar la noche en un acogedor hostal con nombre de cerveza. Recuerdo divisar todas aquellas cimas nevadas desde el andén, sin perder de vista el gran reloj de la estación, y tener la extraña sensación de estar desaprendiendo a esperar por momentos.



When the train left behind the region of Disentis, everything around me began to turn as white as it can be so any figure that you could see from the vehicle was suddenly an absolute theme in the landscape, a landscape that was empty of almost everything. The very few travelers we saw along the way stopped and waved bye-bye from the distance, and I could not feel anything but gratitude for being and finding myself just there, I was touched by the idea that a stranger could be excited about sharing with me ― an anonymous passenger who crosses the Alps in a red express ― that time and place. And I will never be tired of saying, those days in the mountains were so extraordinary that it reconciled me with all the ordinary things of the world.

Cuando el ferrocarril dejó atrás la región de Disentis, todo a mi alrededor comenzó a volverse tan blanco que cualquier figura que se avistara desde el vehículo se agenciaba de un  protagonismo absoluto en el paisaje, vacío de casi todo. Los pocos excursionistas con los que nos cruzábamos a lo largo del trayecto se paraban y saludaban a lo lejos y yo, que no podía sentir otra cosa que gratitud por ser y estar allí, me conmovía ante la idea de que a un desconocido pudiese gustarle compartir conmigo ― pasajero anónimo que cruza los Alpes en un expreso rojo ― aquel momento y lugar. Y es que, nunca me cansaré de decirlo, aquellos días en las montañas fueron tan mágicos que me reconciliaron con todas las cosas corrientes del mundo.

2 comments:

  1. Las fotos son preciosas y sobrecogedoras.
    El texto es muy bonito. Siento en la piel la espera y lo espectacular de llegar a ese lugar tan excepcional.

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  2. Espero que la espera no se prolongue demasiado y tengas oportunidad de ir, Inés. Gracias por tus palabras amables.

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