Edinburgh, part four: I could live here

June 29, 2013

I remember myself having dinner at The last drop in front of a half-eaten candle, eating the last bites of a delicious baked potato and ordering another pint of beer for the table talk. In a place like this, being satisfied and with my hands warm, it was very easy to recognize that feeling of not hurry that I had been looking for months. When I left the tavern, the waitress, who had a gently smile all the time, returned me the bill with a friendly "thank you" handwritten in blue ink. Listening to the wooden door of that place closing behind me, I realized that I had spent the last hours feeling like at home and I could not start walking until I said out loud something that in that moment started to sound loud in my head: "I could live here."

Me recuerdo cenando en The last drop frente a una vela gruesa a medio consumir, tomando los últimos bocados de una deliciosa patata asada y pidiendo otra pinta de cerveza para la sobremesa. En un lugar como aquel, con el estómago lleno y las manos calientes, era muy fácil reconocer esa sensación de no prisa que tanto había anhelado durante meses. Al abandonar la taberna, la camarera, que sonreía delicadamente todo el tiempo, me devolvió la cuenta con un amable "thank you" escrito con bolígrafo azul y caligrafía estirada. Escuchando la puerta de madera del local cerrarse detrás de mí, me di cuenta de que había pasado las últimas horas sintiéndome en casa y no pude empezar a caminar hasta que dije en voz alta algo que aquel día empezó a sonar en mi cabeza con fuerza: "yo podría vivir aquí".

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