Oslo, part one: the rapture of being alive

March 03, 2014

It was Sunday and the sun had not risen yet in Oslo. Somewhere in the city center, a random hotel window opened and a sleeping voice made the latest news public: “it is snowing!”. A predictable enthusiasm got me off the bed and led me to an inevitable ritual: putting on a sweater, a pair of socks, a scarf, a pair of boots and many other stuff. Five floors below us, the same streets that we went around the day before were completely covered in white. We walked to the central station, allowing ourselves to be moved by the beauty around us, and we took a train to the north.

Era domingo y todavía no había amanecido en Oslo. En algún lugar del centro de la ciudad, se abrió la ventana de una habitación de hotel y una voz aún adormilada divulgó la noticia del día: “¡está nevando!”. Un predecible entusiasmo me levantó de la cama y me encarriló hacia el ritual irremediable: jersey, calcetines, bufanda, botas y tantas otras cosas. Cinco pisos más abajo, las calles que recorríamos la jornada anterior estaban cubiertas de blanco. Caminamos, dejándonos conmover, hasta la estación central y cogimos un tren con dirección al norte.



Nordmarka welcomed us with a soft light inviting us to keep our eyes wide open and to breathe slowly and deeply. Only five walkers and four little red houses shared with us that morning in the forest, a forest that laid really enormous and lonely before us. In that extraordinary place, with numb feet because of the intense cold and never wanting to go back home again, I remembered a passage from a book by Joseph Campbell that I discovered some time ago, surprisingly just the day when I decided to make this trip: “People say that what we're all seeking is a meaning for life. I don't think that's what we're really seeking. I think what we're seeking is an experience of being alive, so that our life experiences on the purely physical plane will have resonance within our own innermost being and reality, so that we actually feel the rapture of being alive.”

Nordmarka nos recibió con una luz delicada que invitaba a mantener los ojos abiertos y la respiración serena. Apenas cinco paseantes y cuatro casas rojas compartieron con nosotros aquella mañana en el bosque, que se extendía enorme y solitario. En aquel lugar extraordinario, con los pies adormecidos por el frío y un deseo de no volver a casa creciéndome en el pecho, recordé un fragmento de Joseph Campbell que descubrí el día que decidí emprender este viaje: "La gente dice que vamos en busca del sentido de la vida, pero no creo que sea eso lo que buscamos. Creo que buscamos la experiencia de sentirnos vivos de manera que nuestras vivencias en el plano físico tengan resonancia en nuestro interior y en nuestra vida. Queremos sentirnos vivos de tal forma que notemos con gran fuerza el enorme placer de estar vivos."

2 comments:

  1. ¡Qué bonito jo! Me encanta todo. Te sigo por aquí también :)

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    1. ¡Me alegra tanto que te guste, Bárbara! Es una maravilla que gente con talento valore lo que hago. Muchas gracias, yo también te sigo.

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