Oslo, part two: to enjoy the view

March 07, 2014

One of the most important anecdotes of these days in Oslo took place on that trip to Sognsvann, and I will always remember it with love. Sognsvann is a three kilometers circumference lake just north of Oslo, in a forest called Nordmarka. The truth is that the Oslo Fjord is surrounded by vast areas of wilderness, which helped me to satiate my desires of getting lost in the woods ― a feeling that, lately, is always with me ―. The North Forest is the most extensive and dense forest next to the city and, that day with morning snow, we did not hesitate to go there with a little brunch inside our bags.

"I am, and always will be, so grateful
to that unknown man to remind me
such an essential lesson for life."

With those boots coming from the Mediterranean coast, and after several years without stepping on the snow, walking through that wild ground was an adventure full of risks. To tell the truth, I hardly went next to the lake shore because of my doubts about the strength of the ground under my feet: I was so afraid of falling into this freezing water! While walking around this huge area, completely plain and white to our eyes, a cyclist wearing a blue coat suddenly appeared from nowhere, rode at top speed into the pier and stopped at the end of it, just over the lake, a few meters from us. I think that Norwegian man immediately figured out what was happening, because he just stayed there for a while, still and quiet, until we could get to his side and relax and feel safe, and appreciate the beautiful scenery before us. I am, and always will be, so grateful to that unknown man to remind me such an essential ― and sometimes complicated ― lesson for life: you must get past the fear to enjoy the view.

En aquella excursión a Sognsvann tuvo lugar una de las anécdotas que guardo con más cariño de mis días en Oslo. Sognsvann es un lago de más de tres kilómetros de circunferencia situado en Nordmarka, el bosque al norte de la ciudad. Lo cierto es que el fiordo de Oslo está rodeado de zonas plagadas de naturaleza virgen, gracias a las cuáles pude serenar estas ganas inmensas que me acompañan siempre de perderme entre árboles. El bosque del norte es el más extenso y frondoso, y la primera mañana de nieve no dudamos en dirigirnos hacia allí con el almuerzo a cuestas.

"Siempre estaré agradecida a aquel
desconocido por haberme hecho
recordar esa lección tan esencial."

Con aquel calzado venido del Mediterráneo y después de varios años sin pisar la nieve, caminar por aquel terreno salvaje fue toda una aventura al borde de varios accidentes. En realidad, tan poco fue mi atrevimiento que apenas me aproximé a las orillas del lago mientras cuestionaba la solidez del terreno bajo mis pies. Mientras bordeábamos lo que a nuestros ojos era una enorme superficie plana y blanca, un ciclista con chaqueta azul apareció repentinamente de la nada, se adentró en el muelle a toda velocidad y se detuvo justo a ras del agua, a unos metros de nosotros. Creo que aquel desconocido supo lo que ocurría, porque se quedó allí varios minutos, parado sin más, hasta que conseguimos llegar a su lado y observar el paisaje sintiéndonos seguros y tranquilos. Siempre estaré agradecida a aquel señor noruego por haberme hecho recapitular en esa lección tan esencial y, sin embargo, tan complicada a veces: hay que dejar el miedo atrás para disfrutar de las vistas.

3 comments: